
“Entendí por qué al estado de embarazo se le dice “estar esperando”. Es una dulce espera, llena de ilusión y felicidad, pero también de desafíos y temores”
Abogada especializada en Propiedad Intelectual y actualmente en Bolivia a la cabeza de la AIDB, lidera proyectos sociales de apoyo a los menos favorecidos en nuestro país. “Desde que me casé, hace veinte años, he acompañado a mi esposo, Fabio, en su carrera diplomática alrededor del mundo. Últimamente, he descubierto una pasión por la escritura. El año pasado, presenté aquí en La Paz mi libro “Mi Vida en Recetas”. Actualmente, soy la presidenta de AIDB, la Asociación de Integración Diplomática en Bolivia. Nos dedicamos a realizar eventos benéficos para recaudar fondos para cuatro fundaciones en La Paz: la Fundación El Enda, la Fundación Nuestra Esperanza, el Asilo San Ramon y la Fundación Kardiozentrum. Tenemos dos hijos: Marcello, que tiene 17 años y está en la promo y Michele, que acaba de cumplir 15 años”, nos dice Silvia y agrega: “Ser mamá es un cambio radical. La maternidad transforma a la mujer para siempre. Desde que supe que estaba embarazada, empecé a sentir emociones desconocidas hasta entonces para mí. Entendí por qué al estado de embarazo se le dice “estar esperando”. Es una dulce espera, llena de ilusión y felicidad, pero también de desafíos y temores. Aprender a entender y controlar esos temores es algo que sigue a lo largo de nuestras vidas como madres. Cuando uno es mamá es más consciente de la naturaleza humana y por esto, creo que nos volvemos mejores líderes”.
“Ser mamá es una tarea de balance diario. Creo que hay que partir de la base de que es imposible conseguir un balance perfecto. De ahí, lo que hagamos con amor, siempre se va a reflejar positivamente en nuestro entorno. Acostumbro desayunar en familia, con mis hijos, y creo que esto es una buena práctica, pues así empezamos el día conectados. También rezar en familia definitivamente es la mejor forma de fortalecer nuestros vínculos” nos dice orgullosa y complementa: “Estoy convencida que al ser humano no se le debe medir por su éxito, sino por sus sueños, su empeño en alcanzarlos, su esfuerzo en ser cada día mejor y por su capacidad de amar. Espero que mis hijos me midan así. No me imagino mi vida sin mis hijos, ellos son el regalo más grande que Dios me ha dado”.
Finalmente nos dice: “Se aprende mucho cuando se es madre: a cuidar de los hijos física y espiritualmente, a vigilar el entorno familiar, a encontrar nuestro propio espacio para desarrollar los proyectos personales y sobre todo, a ser pacientes”.