
Los viajes, las coberturas, los reconocimientos, todo eso es hermoso, pero pasa. Lo que queda son las hijas, los nietos, el hogar que se construye con tu esposo
Uno de los íconos de la televisión boliviana y que nos representa a nivel internacional es sin duda Sandra Coscio, periodista boliviana con más de 35 años de trayectoria. “Estoy a cargo de la producción completa “Contame” en la Red ATB desde 2003, programa con el que he realizado coberturas de Ferias Turísticas, encuentros empresariales, alfombras Rojas de los Premios Oscar, el Festival de Cannes, Premios Goya, Premios Platino del Cine Iberoamericano, Premios Grammy, Billboard y otros, también los Fashion Weeks de varias capitales del mundo. Estudié Periodismo en California y Comunicación Social en la Universidad NUR de Santa Cruz. Soy mamá de Sandra (34), Natalia (28) y Flavia (26), y abuela de Juliana y Jorgito. Esos dos mundos, el profesional y el familiar, han caminado siempre juntos, sosteniéndose el uno al otro”, nos dice con la seguridad que la caracteriza y agrega: “La maternidad y mi liderazgo crecieron juntos. Empecé en televisión muy joven, a mis 20 años y poco después me convertí en mamá, así que fui aprendiendo ambas cosas al mismo tiempo, entre aciertos, desafíos y sobre todo mucho amor a cada una de mis hijas y a mi profesión. Con los años entendí que tanto liderar como maternar requieren paciencia, empatía y mucha sensibilidad. Ser mamá también me enseñó a escuchar más, a comprender mejor a los demás y a liderar desde el cariño, no desde la dureza, ser mamá me ha convertido en mejor líder y mejor persona”.
“Las coberturas internacionales fueron siempre mi mayor desafío. Cuando una cubre eventos fuera del país, no se trata de un día de trabajo: son viajes largos, fuera de casa, con la mente puesta en cada detalle profesional. Aprender a estar plenamente presente cuando volvía, sin la cabeza todavía en la próxima cobertura, fue un trabajo personal enorme. Lo logré apoyándome en mi esposo Miguel Ángel, en mi familia, y sobre todo en la fe en Dios que siempre me sostuvo. Tengo dos rituales que sostienen nuestra vida familiar. El primero es diario: antes acostarme desearles buenas noches y nunca empieza el día sin enviarles un “bendecido día”. Son palabras simples, pero llevan toda mi intención, toda mi fe puesta en ellas. El segundo es de los fines de semana: hacemos excursiones al campo, en familia, sin pantallas que nos interrumpan. Allí volvemos a ser familia entera, compartimos en la cocina, jugamos riéndonos, caminamos, esas salidas son nuestro oxígeno”.
Respecto a ser ejemplo de éxito para sus hijas, Sandra nos dice: “Significa demostrarles, con la vida y no con palabras, que la perseverancia, la fe y el trabajo bien hecho construyen una mujer entera. No se trata de que ellos sigan mi camino, sino de que tengan herramientas para construir el suyo. Más que ejemplo de éxito profesional, quiero ser ejemplo de mujer agradecida, leal a sus valores y comprometida con su país”.
“Ser mamá es lo que le dio sentido y profundidad a todo lo demás. Ser mamá es el ser más sublime. Los viajes, las coberturas, los reconocimientos, todo eso es hermoso, pero pasa. Lo que queda son las hijas, los nietos, el hogar que se construye con tu esposo. Esa es la cosecha de verdad. El amor se demuestra con presencia, no con palabras. Una madre nunca termina de aprender: cada etapa de los hijos te enseña algo nuevo. Ahora, como abuela, sigo descubriendo. Ser mamá me enseñó a tener fe con gratitud, a perseverar incluso en los días difíciles, y a no soltar nunca lo importante”.