TST Nº 48

8/9/2026

Monica Briançon

Valor Agregado

“Cochabamba dejó de ser una postal de pueblito del valle, para convertirse en una ciudad de datacenters, ciclovías, emprendimientos verdes y una oferta gastronómica de clase internacional”

¿Cochabamba debería celebrar este 14 de septiembre? Mis dos respuestas honestas. No, no debería. Durante décadas, la región fue un importante motor industrial y agrícola, donde las etiquetas de “granero de Bolivia”, “ciudad jardín”, “capital gastronómica” eran nuestro orgullo. Pero el orgullo no paga las cuentas, y las industrias se fueron, la migración y la expansión urbana reconfiguraron la ciudad y Cochabamba empezó a quedar sin pilares y sin norte. No podemos celebrar lo que fuimos sin saber primero, lo que somos y el desarrollo que podríamos tener.

Pero si hay algo que tiene Cochabamba, es coraje y espíritu emprendedor. Dicen que hay un cochabambino en el lugar más remoto del mundo. Ese coraje ha despertado en forma de una sólida industria tecnológica, en empresas innovadoras, en miles de emprendimientos, en un polo de amplia oferta educativa y médica de primera, en esencia, y para muchos los que nos resistimos al imán migratorio, es que la calidad de vida, te hace entender cuál es la verdadera riqueza de esta región.

Cochabamba dejó de ser una postal de pueblito del valle, para convertirse en una ciudad de datacenters, ciclovías, emprendimientos verdes y una oferta gastronómica de clase internacional. Somos el corazón de un país que late con fuerza, que late porque corre para escapar de malévolos planes, de ese campo de batalla que nos toca presenciar de tiempo en tiempo, pero que, sobre todo, late porque estamos vivos y que por nuestras carreteras pasa la economía del país.

Es por eso que, para celebrar este 14 de septiembre, Trendsetter ha elegido a los líderes que marcan agenda, que llevan en alto el nombre de Cochabamba y brindan sus perspectivas sobre el momento histórico que atraviesa la región.

Sus aportes acompañan a un departamento que no necesita que le inventen un futuro, sino que le permitan construirlo. Aquí sobra talento, ideas y ganas; a veces falta ponerse de acuerdo y dejar de tropezar con las mismas piedras, aunque ya se conozca hasta su nombre.

El desafío está servido: convertir al corazón de Bolivia en un motor que no sólo lata, sino que avance. Porque Cochabamba ha demostrado que, aun cuando el camino se pone cuesta arriba, siempre encuentra la manera de seguir creciendo. Es nuestra oportunidad histórica, ya no de recordar lo que fuimos, sino de mirar adelante y pensar lo que podemos ser: una tierra de oportunidades.

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