Editorial

El precio (invisible) de la maternidad

María Silvia Trigo - Periodista

La periodista argentina Marina Walker venía de ganar un premio Pulitzer por liderar la mayor investigación periodística de la historia, conocida como Panamá Papers, cuando se encontró en un hotel de Cartagena con un grupo de comunicadoras jóvenes. Una de ellas le preguntó algo que intrigaba a todas: cómo había logrado tener una carrera exitosa siendo madre de dos niños que entonces eran pequeños.

Walker reveló lo que sonaba como una ecuación perfecta: contar con la presencia de un padre que asuma sus obligaciones y la posibilidad económica para contar eventualmente con servicios externos de cuidados o asuntos domésticos.

Lastimosamente en Bolivia la receta de Marina Walker es muy difícil de seguir. Por un lado, por la precariedad laboral que enfrentan muchas mujeres que se dedican a este oficio y por la imperante cultura patriarcal que, en pleno siglo XXI, sigue relegando el trabajo de cuidados de manera casi exclusiva a las mujeres y sin ningún tipo de reconocimiento.

Varios estudios demuestran que la maternidad afecta negativamente el desarrollo profesional -y en consecuencia económico- de las mujeres en todos los ámbitos y que las tareas domésticas aún recaen sobre ellas, pese a su creciente inserción en el mercado laboral. Pero si hay una actividad difícil de conciliar con la vida familiar es el periodismo. Quienes consiguen un equilibrio entre ambas responsabilidades, usualmente pagan un precio muy alto, marcado por ausencias prolongadas debido a horarios extendidos de trabajo y turnos de feriados y fines de semana.

En esta edición, Trendsetter celebra el esfuerzo de ocho mujeres que lograron abrirse camino en la comunicación sin dejar de lado su maternidad. Es también una edición de reconocimiento a ese camino agridulce, seguramente tan lleno de culpas como de satisfacciones, que sus hijos sabrán valorar y agradecer.

Esto que nos atraviesa profundamente a las madres que ejercemos la comunicación nos convoca a participar en un desafío común: aportar desde nuestro ámbito para que se le dé al trabajo más importante de la sociedad -el de la crianza- el lugar que le corresponde y no el menos valorado. Usemos el poder transformador que tenemos: la palabra.

Que el Día de la Madre sea un día festivo, pero también de reflexión para que la maternidad sea reconocida y recompensada de una manera justa. Que no se asuma que el amor justifica todo tipo de sacrificios, que existan trabajos más flexibles con las responsabilidades de los padres. Que la maternidad no sea un motivo que ahonde las brechas de desigualdad laboral, económica ni social. Que exista una distribución más equitativa en los cuidados, que las políticas públicas acompañen la crianza y que la receta de Marina Walker no sea una utopía imposible de alcanzar.

Feliz Día de la Madre para todas, porque todas hacemos lo mejor que podemos.

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